SÍ A LA VIDA
Sudor, sudor y vueltas en las tempranas noches de insomnio e inquietud. Arriba el sueño. Late un corazón nuevo y cruje el alma. Me doblego como un cómplice más y reconozco la ilusión y el temor, sus límites, el silencio que cobijan mis nocturnas palabras de noctámbulo empedernido. Y dejo atrás su discreta sonrisa, ella no lo sabe, pero sonríe a cada rocío de aliento y me detengo. No hay luz. Es indiferente.
Y amanezco un día más con mis legañas y silencios, con mis prisas y patrañas, con mis sueños expectantes en un viejo tintero que jamás osé utilizar antes. Y lo hice. Me arremangué como un loco que se sabe padre, que se siente padre, que desea salir a la calle con la fuerza y la dignidad que merece un hijo, un hijo que está por venir, pero que ya está, esto se sabe.
¡A golpe de lanza! ¿No sentís los retortijones? ¿No os llega el hedor de la podredumbre que provocan vuestras vísceras desparramadas por los pasillos impecables? Vuestra exquisita moralidad os acorrala como a las cucarachas. ¿No sentís el pánico? ¿No sentís el trágico revolver? ¿Acaso es que no percibís el latir que se desvanece? Y las batas rompen la maternidad como si de un insecticida contra la humanidad se tratara. Y el gobierno, el mismo que debe velar por la libertad y el cumplimiento de la ley, por la justicia, aprueba una ley contra la matriz, contra la esencia humana, contra la dignidad inherente de todo ser que ha de nacer, porque fue concebido.
¿Cómo no comprendéis el terrible temblor de manos que acompaña estas sangrantes palabras? No me rompe más el asma que la muerte ajena, no me rompe más la falsedad y los recodos malditos que aquella voz que no llega, que el macabro collage que dibuja un cirujano sobre la mesa de operaciones… ¿No te resuenan las tripas? ¿No te invitan a llorar? ¿Acaso no estás vivo? Pon tu palma en tu corazón y entenderás que late dentro igual que tú…
Y la marea roja saldrá a las calles blancas para romper barreras. Y la luz recubrirá a los hombres. Y de nuevo nos veremos cara a cara con nuestro espíritu. ¿No tienes espíritu? ¿No escuchas la canción de aquel niño? Las canciones de los niños perdidos…
Y el gobierno legaliza la muerte. ¿Y yo no puedo entonces llamarles asesinos a ellos? ¿Así es como se justifican? ¿Qué infame negocio crean con ello? ¿Qué derechos garantizan? ¿Cómo osas dudar el que el aborto implica el fin de todo derecho humano? ¿De qué nos sirven ya declaraciones universales?
¡Gritad! ¡Gritad, ciudadanos, por las calles de Madrid! ¡No temáis desgarrar vuestras gargantas! ¡No os preocupe ser presa de los asesinos, los mismos que confunden el significado de la palabra progreso! El día 17 de octubre no ha de ser una fecha más… Allí late el horizonte, vibran las aceras y retumba la amenaza del socialismo siempre hipócrita y qué sé yo… ¿Cómo sonreír? ¿Cómo sonreír al son de mi querida “Candilejas? El niño, recuerden el niño, observen como juega, ríe, se cae, y rebobina a los precisos momentos en que jugaba a ser burbuja, allí, colmando de gloria el vientre de su madre…
¿Que ahora no es momento de ser madre? ¿Cómo osas pensar que pueda ser un error acometer la misma esencia de la vida? ¿Cómo os atrevéis a condenar a tantas adolescentes a tener que vivir con ello? “Yo maté a mi hijo, yo maté a mi hijo”. ¿Y habláis de igualdad mientras suprimís el derecho del padre? ¿Semillita? ¡Anda ya! ¡A las calles, dignidad! ¡A las calles, Iglesia! ¡A las calles, ecologistas! ¡A las calles, humanistas! ¡A las calles, liberales! ¡A las calles, estafados socialistas, a las calles! ¡Que no os hagan responsables de esta indignidad! ¡La falacia! ¡El infanticidio!
¿Vamos a esperar? No puedo describir lo que siento. Lástima por quienes callan. Rabia por quienes obligan. Furia por todos aquellos a quienes se les niega el derecho a vivir. Ayer agnóstico, hoy creyente, desde su corazón os dice… ¡Qué Dios os bendiga, compatriotas! ¡Que Dios os bendiga!
Paco Bono