Observa mis ojos musicales. Fíjate cómo doblo mis labios y mi lengua; La sangre fluye por mi barbilla como la sed del miserable se arrastra por los suelos. ¡Písame! ¡Arranca los cabellos de mi frente y desfigura mi rostro! ¡Patéame si es lo que quieres! ¡No verás mi sonrisa! ¡No distinguirás mi sonrisa entre tanta sangre! Porque mis manos se hacen fuertes entre el barro, porque mi espíritu no necesita transfusiones, porque mi alma es inalcanzable. ¡Rompe! ¡Sal a la calle y rompe! ¡Inmenso! Quedan demasiados desiertos por colorear y sobran demasiados escaparates. Guárdame allí, en el lugar que nadie anhela, pero que tantos necesitan.
Un niño fija su mirada en los árboles; parece que está perdida. No camina. No expresa más que el silencio de la enfermedad más triste. Sus manos tiemblan, PARA LEER MÁS PINCHE AQUÍ
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