Archivo para 1 de Septiembre de 2009 | 11:08 pm

El hombre de la fiambrera

El hombre de la fiambrera abandona las puertas. Tras sus pasos saltan los sapos que arrastran el asfalto en su camino. El aparcamiento se disgrega y la imagen se detiene inconformista. Saca las viejas llaves de un viejo Renault 5 del noventa y se dispone a entrar. El hombre de la fiambrera no tiene rostro. Su mirada se confunde tras el humo de un cigarro que le acompaña en esos momentos de inmersión. La jornada terminó. Finalizado. Espera. Baja la ventanilla y cierra los ojos. Enciende el aparato de radio y se concentra en sus lágrimas. El hombre de la fiambrera ha de volver a casa, ha de abrir la puerta y decírselo a su mujer, ha de mirar a los ojos a sus hijos, ha de sobrevivir disimulado ante la desesperanza. Son veinte años, son, trabajando en las plantas incandescentes, haciendo horas, respetando al insensato, reprimiendo la ira, masticando la saliva… Está usted despedido. Veinte días por año trabajado. Tal vez le volvamos a llamar algún día… Si se porta bien. ¿Bien? Piensa.

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